17.
Ella se hace pequeña, casi en posición fetal. A ninguno de los dos nos gusta hablarle en este tono duro y cortante, pero no puedo dejarlo pasar como las otras veces, ella tiene que entender la gravedad de lo que hizo.
—Voy a vestirte.
—Yo... pue...do— murmura sin mirarme.
—No, no puedes. Ni siquiera logras formar una oración.
—No seas tan duro con ella— me gruñe Zah.
—Si le seguimos perdonando todo, va a seguir escapando, cada vez que lo hace queda herida.
Está vez pudo morir.
—Si sigues sien