31.
Agarro la zanahoria y después de lavarla comienzo a comerla. Camino hasta la entrada. Abro la puerta y me siento en el suelo. No veo a nadie, no hay otras cabañas cerca como para verlo sin salir de la casa. Aunque me gusta, siempre viví con gente a mi alrededor, no por elección propia y ahora que lo pienso estos últimos años sola siempre me iba a las ciudades en vez de los bosques solitarios.
—¿Tienes hambre?
—No, gracias.
Sé que no debo mentir, pero siempre está cocinando. Él se sienta a mi