33.
| Rasine |
—¿Qué?
Siento me falta el aire. Aprieto mi camisa. No, esto no debía ser así.
—No me voy a casar contigo, cerececita.
Miro el suelo. Intento respirar, me cuesta. Una punzada dolorosa atraviesa mi pecho, justo en medio de mis senos. Muerdo mi labio para que no se dé cuenta.
De reojo veo como extiende su mano hacia mí y retrocedo de inmediato.
«¿En qué estaba pensando?»
—Cerecita yo...
—Entiendo.
Puedo arreglar esto. Puedo fingir que nada paso, tal vez él me siga tratando como