30.
—¿A dónde vas?
—Quiero ayudar, ella es la Líder— él acaricia mi mejilla.
—Tú no sabes cocinar, siéntate con el enano, yo la ayudo.
—¡Estoy grande! — gruñe y yo me alejo de él. —Ven niña bonita.
Él se sienta en el mueble grande como si fuera un adulto. Admito que no me gustan los niños, odio estar cerca de ellos y sé que está mal, pero simplemente me recuerdan todo lo que pase. Respiro profundo y me siento a su lado.
— ¿Por qué no me respondes? — miro sin entender al niño — te estoy hablando