Los días siguientes trajeron un silencio distinto a la mansión.
Dorian empezó a salir temprano, ignorando el desayuno y refugiándose en el trabajo como si la oficina fuera el único lugar seguro para estar.
Al principio, Francine intentó mantener la cercanía: enviaba mensajes cortos, preguntaba cómo iba el día, hacía comentarios ligeros para provocar alguna reacción.
Las respuestas, sin embargo, siempre eran las mismas:
“Mucho trabajo hoy”
“Demasiado cansado para conversar”
Sin detalles, sin esp