Francine despertó antes de que saliera el sol, como su reloj biológico ya estaba acostumbrado, y notó que Dorian no estaba a su lado.
—Caramba, Dorian… al menos yo dejé una nota —refunfuñó.
Aún somnolienta, se vistió rápido y salió de la habitación, avanzando por el pasillo silencioso.
Fue entonces cuando lo vio venir en su dirección: el cuerpo sudado, evidente señal de que había estado entrenando, pero con la mirada firme e intensa.
Antes de que pudiera reaccionar, él tomó su mano y la besó co