Dorian se levantó de golpe, como si el cuerpo hubiera decidido por cuenta propia.
La silla fue empujada a un lado con violencia y Francine hasta se estremeció por la rapidez del movimiento.
Pero no retrocedió — porque retroceder no formaba parte de su naturaleza.
Él entró al baño con pasos pesados y cerró la puerta con tanta fuerza que el sonido retumbó por toda la habitación.
No la cerró con llave. Ni siquiera lo pensó. Su única meta ahora era el agua. Fría. Muy fría.
Abrió la ducha al máximo