Chloé regresó a la mesa donde Maurice seguía animado con su conversación de negocios junto a otros empresarios.
Dejó la copa frente a él con una sonrisa ensayada y comentó con suavidad, como si fuera solo un gesto social:
—Toma, querido. —Le entregó la copa de martini con una sonrisa impecable.— Voy a dar una vuelta, a saludar a algunas colegas. —Rozó levemente su brazo, pidiendo permiso, y desapareció entre los invitados.
Maurice, sin apartar la atención de un inversionista que hablaba sobre a