Dorian estaba apoyado en el marco de la puerta del vestidor, los brazos cruzados y esa sonrisa que mezclaba encanto con provocación, el tipo de sonrisa que debería venir con advertencias y efectos secundarios.
— Este será tu nuevo uniforme cada vez que vengas a limpiar mi habitación — dijo, como quien anuncia el menú de la cena.
Dentro de la caja descansaba una pieza de lencería roja como un pecado bien cometido.
Encaje fino, transparencias atrevidas, liguero a juego y medias delicadamente dobl