Francine subía las escaleras como quien cumple con una tarea más del día, el broche del cabello torcido, expresión levemente somnolienta, pasos apresurados.
Apenas levantó la vista… casi perdió el equilibrio.
Dorian bajaba los mismos escalones, impecable con un blazer gris oscuro, camisa blanca perfectamente abotonada en el cuello y ese perfume caro que parecía flotar en el aire a su alrededor.
La mirada de él se cruzó con la de ella y ahí estaba: la misma mirada calculada, la de alguien que ya