Malu se despertó con el movimiento de la calle abajo, autos pasando, bocinas ocasionales, gente conversando en la parada de autobús.
Esa música urbana que entraba por la ventana abierta.
Se quedó unos minutos mirando el techo, en silencio, hasta que apareció el primer pensamiento peligroso:
El beso.
El beso cálido, lento, adictivo.
El beso que no debería haber dado, pero que tampoco consiguió evitar ni por un segundo.
Y junto con el beso, vino la escena patética: ella echándolo del apartamento