Francine llegó al apartamento de Malu a media tarde, usando gafas de sol enormes, un bolso de marca colgado del brazo y una energía de quien necesitaba urgentemente soltar chisme.
Golpeó la puerta tres veces, con el ritmo de quien exige entrada inmediata.
Malu abrió.
—¡Gracias a Dios! —Francine entró sin pedir permiso, quitándose las gafas—. Tenía que venir antes de explotar. En serio.
Malu rió, cerrando la puerta.
—Tienes cara de haber visto un fantasma.
—No, peor —Francine tiró el bolso en el