El avión aterrizó en Nueva York al final de la tarde, cuando el cielo ya empezaba a adquirir ese tono azul profundo que anuncia el verdadero invierno.
En cuanto Malu cruzó la puerta del aeropuerto, el frío la golpeó de lleno, como un aviso claro de que allí no había espacio para improvisaciones tropicales.
—Bienvenida a la ciudad donde el viento te corta hasta la autoestima —comentó Francine, ajustándose el pañuelo con elegancia—. Olvídate de los crop tops, hija. Aquí te congelas hasta dentro d