Cassio terminó de ducharse como si hubiera lavado el alma.
El espejo reflejaba un rostro distinto al de días atrás. Aún cansado, sí, pero ahora había enfoque.
Control.
Salió del baño y encontró al cerrajero terminando de ajustar los últimos tornillos de la nueva cerradura.
—Listo, señor —dijo el hombre—. Solo estas llaves funcionan ahora.
Cassio tomó el llavero, probó una vez, dos.
—Gracias.
En cuanto se quedó solo, se puso el saco, tomó el celular y salió en dirección al hospital donde Maya h