Denise estaba sentada frente al escritorio, con una taza de té aún humeante al lado y las gafas resbalando por la punta de la nariz.
—Pensé que tardarías más en aparecer —dijo, como quien ya esperaba a Francine.
Francine entró en silencio, se sentó en la silla frente a ella y se pasó las manos por la cara, como si quisiera arrancarse los pensamientos de raíz.
—No sé qué hacer.
Denise apoyó los codos sobre la mesa, entrelazó los dedos y simplemente esperó.
Francine suspiró de nuevo.
—Él... puso