Oscar sostuvo la mirada de su hijo durante algunos segundos, como si esperara que retrocediera, pero Dorian no se movió.
El padre fue quien cedió primero, respirando hondo antes de darse la vuelta y marcharse, con Eleonor siguiéndolo de inmediato. El eco de sus tacones sobre el mármol sonaba como martillazos.
Cuando el ruido finalmente desapareció, Dorian se quedó allí, inmóvil, los hombros tensos y la mirada perdida.
Francine lo observaba en silencio, sintiendo el peso del enfrentamiento, la v