Dorian entró al departamento equilibrando tres cajas de mudanza en los brazos.
La camiseta sin mangas que llevaba no mostraba ni una sola señal de sudor, lo cual, para Francine, era casi una ofensa.
Parecía inmune al esfuerzo físico, como si el peso de aquellas cajas fuera el mismo que el de una bolsa de pan.
Ella levantó la mirada… y la mantuvo allí más tiempo del debido.
Sus brazos, fuertes y tensos, parecían esculpidos.
El movimiento preciso. El control en la mirada…
Francine lo que quería e