Francine entró a la cocina mordiéndose la uña y se arrancó el delantal como si eso bastara para calmar el pánico.
Malu, que estaba tranquilamente engrasando el molde del pastel, levantó la mirada despacio, con esa cara de “¿y ahora qué hiciste?”.
—Pidió una lista, Malu. Una lista actualizada de empleados.
—¿Quién? —preguntó solo por protocolo. La respuesta era obvia.
—¿Quién más? Dorian Villeneuve. El mismísimo. Fue hasta la oficina del ama de llaves con esa cara de quien está a punto de abrir