Dorian entró en su oficina con pasos largos, firmes e impacientes.
Arrojó el saco sobre la silla, aflojó los botones del cuello de la camisa y encendió el ordenador como si estuviera dando una orden de guerra.
El sitio web de la antigua agencia de modelos se abrió de inmediato.
Revisó secciones, nombres, archivos de castings antiguos… todo con la precisión de un investigador.
Y con el humor de un hombre al que le habían arruinado el día.
Nada.
La cuenta profesional de Instagram tampoco mostraba