El backstage ya empezaba a vaciarse: perchas volviendo a los racks, maquilladores guardando pinceles y frascos de glitter, asistentes yendo de un lado a otro como si borraran los últimos rastros del espectáculo.
Entre el sonido de cierres cerrándose en las maletas y voces apresuradas en francés, Francine se deslizó hacia un rincón, todavía con el corazón acelerado y la tarjeta de Lohan ardiéndole en la palma de la mano.
Sin pensarlo demasiado, desbloqueó el celular y tocó el nombre de Malu.
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