El backstage ya empezaba a vaciarse: perchas volviendo a los racks, maquilladores guardando pinceles y frascos de glitter, asistentes yendo de un lado a otro como si borraran los últimos rastros del espectáculo.
Entre el sonido de cierres cerrándose en las maletas y voces apresuradas en francés, Francine se deslizó hacia un rincón, todavía con el corazón acelerado y la tarjeta de Lohan ardiéndole en la palma de la mano.
Sin pensarlo demasiado, desbloqueó el celular y tocó el nombre de Malu.
La pantalla parpadeó dos veces hasta que se abrió la videollamada, revelando el rostro de su amiga enmarcado por el delantal de la cocina de Dorian.
— ¡Chica! —Malu casi deja caer la cuchara al ver el escenario detrás de ella—. ¿Sigues viva ahí, en medio de todo ese caos?
Francine no pudo contener la risa.
— Lo estoy, ¿lo puedes creer?… Parece que todavía estoy soñando… —giró la cámara para mostrar el bullicio a su alrededor, los racks llenos de vestidos y un maquillador pasando apresurado detrás d