El restaurante tenía ese murmullo discreto de gente poderosa que finge no reparar en nadie.
Natan eligió la mesa de siempre, junto a la ventana, donde el sol filtrado por la película dejaba todo con un brillo caro.
Pidió un tartar, agua con gas y sacó el celular del bolsillo, listo para otro almuerzo en el que él sería la persona más importante del lugar. En su cabeza, siempre lo había sido.
Le tomó exactamente tres minutos notar la primera mirada torcida.
Una pareja en la mesa de al lado cuchi