Nicklaus
Peaches no me lo pone fácil. Y no la culpo. Después de lo que hice, de cómo la traté, tiene todo el derecho a estar enojada.
Salgo de la habitación en silencio, sin despertarla. Necesito un plan, y tengo que empezar por ganarme su perdón. Pero más que eso, debo entender qué demonios está pasando con Natasha y ese maldito alfa.
La cocina está vacía cuando bajo, el silencio pesado y frío. Me pongo manos a la obra, preparando su desayuno favorito: panqueques con fresas.
La concentración e