Capítulo 76. “Esa niña es mi hija”
Aslan cortó el cordero con una precisión quirúrgica, sintiendo la mirada de su madre pesando sobre él más que el calor de la noche griega.
—Has estado muy ausente, Aslan —comenzó Victoria, dejando su copa de vino sobre el mantel de lino—. Llegaste hoy y apenas te he visto el rostro. Ni siquiera desayunamos juntos hoy. ¿Tan graves son los problemas en el puerto de Salónica que tu madre tiene que pedir cita para verte?
Aslan suspiró. La fatiga le marcaba las facciones, dándole un aire más severo