Capítulo 77. La promesa tras el cristal
Amara recibió finalmente el alta médica, pero su cuerpo parecía resistirse a abandonar el edificio. Había esperado hasta la última hora de la tarde, estirando cada minuto como si el tiempo fuera un hilo de seda que temía romper. Se quedó junto a la incubadora de Keziah, observando el ritmo pausado de su respiración y grabándose en la memoria cada pequeño gesto de sus manos.
La Doctora Vaughn se acercó con suavidad y le puso una mano en el hombro.
—Amara, es hora —dijo, con tono reconfortante—.