Capítulo 51. Confesiones bajo el cielo de la Toscana.
El aire de la tarde en la Toscana tenía un matiz dorado que envolvía el jardín de la casa de Victoria en una calidez casi irreal. Amara estaba sentada en un banco de hierro forjado, rodeada de macetas de terracota con geranios encendidos. Llevaba un vestido de lino color verde esmeralda, amplio y ligero, que se amoldaba con suavidad a la curva pronunciada de su vientre. El sol poniente hacía que su piel canela resplandeciera y que sus rizos oscuros, libres de la coleta de la mañana, cayeran sob