Capítulo 52. Buscando a Dante
El gris plomizo de Londres los recibió con una llovizna fina que contrastaba con el sol de la Toscana, pero para Amara, el frío se disipó en cuanto cruzó el umbral del apartamento de Catherin.
—¡Amara! ¡Por fin! —exclamó Catherin, envolviéndola en un abrazo cuidadoso, consciente de la prominencia de su vientre—. Estaba empezando a creer que Elena te había secuestrado para siempre.
Antes de que Amara pudiera responder, un maullido imperioso y vibrante resonó desde el sofá. Dante saltó con una ag