Capítulo 48. Voces que saben a hogar
El teléfono vibró de nuevo sobre el regazo de Amara. Por un segundo, el pánico le oprimió la garganta pensando que sería el número catorce de Aslan, pero al bajar la vista, el nombre en la pantalla iluminó sus ojos de una manera distinta.
Marco Valenti.
Amara dejó escapar un suspiro que no era de cansancio, sino de auténtico alivio. Deslizó el dedo por la pantalla con una rapidez que delataba sus ganas de huir, aunque fuera a través de una voz, de la realidad que la perseguía.
—¿Marco? —dijo el