Capítulo 49. El despertar en el refugio
El primer pensamiento de Amara al abrir los ojos fue de desconcierto. El techo era demasiado alto, el silencio demasiado profundo y el aire no olía al cuero y la colonia amaderada que inundaba la mansión de Grecia. Se quedó inmóvil, con el corazón latiendo con una inercia de miedo, hasta que sus ojos se posaron en las cortinas de encaje que bailaban suavemente con la brisa.
—Estoy en casa —susurró, y el nudo en su pecho se aflojó por fin—. Estoy con mamá.
Se levantó con cuidado, sintiendo el pe