Capítulo 161. Desenterrando la verdad
Livia reconoció ese rostro y se puso pálida, como si acabara de ver a un fantasma surgir de la tormenta. Keziah, como si captara la electricidad del ambiente, comenzó a llorar. Un llanto agudo, desvalido, que rompió el murmullo de los hombres.
Alistair giró la cabeza con violencia hacia el rincón oscuro. El movimiento le provocó un espasmo de dolor que lo obligó a morderse el labio inferior, pero sus ojos permanecieron fijos en la sombra del armario.
—¿Qué... qué es eso? —preguntó Alistair, la