Capítulo 162. Fascinación en la penumbra
La madera crujió bajo el peso de una desesperación que ya no cabía en las cuatro paredes de la cabaña. Alistair, con el rostro desencajado y la respiración convertida en un silbido agónico, apoyó las manos en los brazos de la silla desbastada, intentando incorporar su imponente silueta a pura fuerza de voluntad.
—Aslan tiene que saberlo —soltó Alistair, y su voz no fue más que un rugido quebrado que hizo eco en el techo bajo—. Aslan tiene que saber que su hija está viva. Barnaby, no podemos que