Capítulo 13. La Memoria del Trazado
El ambiente en la oficina estaba saturado de un olor a grafito y el zumbido eléctrico de los servidores. El Puerto de Salónica no era solo un dibujo; era una bestia de ingeniería que exigía precisión milimétrica. Amara recorría con la vista el plano maestro, obsesionada con la estabilidad estructural de los rompeolas y la distribución de cargas en los muelles de contenedores. Un error en la cimentación submarina y todo el diseño colapsaría bajo el peso del Egeo.
Eran las 120 horas y el cansanci