Aslan Burke no había dormido. Pasó la transición del día 6 al día 7 observando la ciudad desde el ventanal de su oficina en la Torre Burke. Londres parecía un tablero de ajedrez donde él siempre movía las piezas, pero por primera vez, una pieza se había movido sola. Amara Leoni.
La confesión de Arispe quemaba en su mente. Ella llevaba a su hijo. El linaje Burke, protegido por capas de acero y leyes, ahora latía en el vientre de una mujer que estaba a punto de entrar en su edificio para presenta