La maleta seguía tirada en el suelo, a medio abrir, con mis cosas desparramadas. Parecía ridículo ahora. Como si hubiera creído que podía salir corriendo sin que él lo notara.
Me giré, tomando aire. Rupert estaba detrás, y lo sentí detenerse, como si comprendiera que esto ya no era asunto suyo.
—Rupert… puedes déjanos solos —mi voz sonó más firme de lo que me sentía—. Hablaré, con él.
Lo vi titubear un segundo, y en ese instante algo dentro de mí se tensó. Finalmente asintió, su expresión una m