88• Un excelente papá.
Richard seguía esperando una respuesta. Su mirada fija en Lana, como si pudiera obligarla a hablar solo con la fuerza de sus ojos. El silencio en la cocina era tan pesado, que incluso el zumbido del refrigerador parecía detenerse. La respiración de Lana se volvió irregular, casi entrecortada, y cuando vi que no iba a decirle nada, él giró la vista hacia mí.
Y no fue una mirada cualquiera. Fue una orden silenciosa.
—Si no me lo dirá ella, dímelo tú. ¿Quién fue? —preguntó.
Mi garganta se cerró. Sentí el corazón latirme en los oídos. Miré a Lana, buscando alguna señal, algo… y lo único que encontré fue su súplica. Esa súplica muda que decía por favor, no. Sus ojos estaban tan abiertos, tan llenos de miedo, que me dolió.
Pero dentro de mí, otra parte ardía. La parte que había visto su moretón, que había sentido su cuerpo temblar. Sin entender exactamente lo que significaba haber sido golpeada y aun así temer más a la reacción del hombre que te quiere proteger que al agresor en sí.
—Nora,