89• Protege a tu bebé.
Bajé las escaleras del viñedo con la intención de distraerme, pero antes incluso de llegar al último escalón, un aroma me detuvo. Era un olor dulce, cálido, ligeramente cítrico… un aroma que conocía demasiado bien. Era el que siempre llenaba mi casa cuando mamá cocinaba los domingos por la mañana. Ese reconocimiento me erizó la piel.
Me quedé quieta, sin atreverme a moverme. Era imposible. Nadie aquí cocinaba como ella. Nadie usaba sus especias, sus mezclas. Nadie sabía preparar las cosas como