Richard acercó su rostro al mío, tan cerca que pude sentir su respiración mezclarse con la mía. Sus ojos buscaban los míos con una intensidad que me desarmó.
—Por favor, déjame cuidarte —susurró, su voz baja, casi temblando—. Me gustaría que tú tomaras tu decisión de querer una vida conmigo. Pero no voy a forzarte a nada, Nora. Quiero que seas tú quien me elijas… quiero que sepas que lo que hago, lo hago porque es muy importante para mí tu seguridad. Sobre todo, cuando sé que hay un peligro ahí