—Richard… ¿qué haces aquí? —pregunté en cuanto logré recuperar el aliento. La sorpresa aún me pesaba en la voz—. Es muy tarde.
Él no titubeó.
—Nunca es muy tarde cuando se trata de ti… y del bienestar del bebé.
Me quedé en silencio un instante, notando cómo sus palabras habían esquivado con cuidado lo que realmente quería decir. No quería admitir que estaba preocupado por mí, no directamente, y eso me revolvió por dentro. Dudé, pero finalmente me hice a un lado.
—No era necesario que vinieras —