101• Te estábamos esperando.
Mientras avanzábamos por la calle, revisé mi teléfono. Una oleada fría me recorrió la espalda.
Siete llamadas perdidas de Richard.
Cinco mensajes.
Sentí cómo el estómago se me apretaba.
Roger me observó a través del retrovisor, con ese gesto precavido que usaba cuando no sabía si debía decir algo o quedarse en silencio.
—Señora Nora —habló por fin—, el señor Preece me llamó hace unos minutos. Estaba… bastante preocupado por usted.
En ese instante, el móvil de Roger empezó a sonar. El sonido llenó el auto como un latigazo, demasiado fuerte para lo pequeño que era el espacio.
Roger miró la pantalla y luego me miró a mí, esperando.
—Es el señor Preece… otra vez.
Sentí un nudo trepar por mi garganta, lento y áspero, como si quisiera abrirse paso a la fuerza. Era un cansancio emocional distinto, uno que no encontraba dónde asentarse dentro de mí. Era… una mezcla agotada de todo.
Respiré hondo antes de hablar.
—Pásamelo —murmuré, sin mucha firmeza, pero lo bastante clara para que Roger ente