100• No lo vamos a dejar ganar.
El teléfono vibró dentro de mi bolso. Ese sonido tan simple bastó para tensar cada músculo de mi cuerpo. Lo saqué sin pensarlo y, al ver el nombre iluminando la pantalla, sentí cómo el pecho se me cerraba.
Richard.
Mi primer impulso fue contestar. El segundo, más visceral, fue huir de su voz. De sus preguntas.
De la obligación de decirle dónde estaba… y con quién.
Tragué saliva, bajé la mirada y la dirigí hacia Elliot, luego hacia Edgar. No dije una sola palabra. Solo volví a guardar el teléfon