POV: DAMIÁN
El Sahara no perdona los errores, y mucho menos a los fugitivos. Habíamos abandonado Marrakech al amparo de una tormenta de arena que yo mismo utilicé para borrar nuestras huellas digitales de las pocas cámaras de la ciudad. Ahora, el todoterreno blindado —una reliquia de mis días en Blackstone que había mantenido oculta en un almacén de las afueras— rugía mientras devoraba las dunas de Erg Chebbi.
Elena estaba en el asiento del copiloto. No llevaba puesto el cinturón de seguridad.