POV: ELENA
El Kalahari no es un desierto de dunas, es un desierto de sed y espinas. La arena roja se filtraba por las rendijas de la furgoneta, cubriéndolo todo con un polvo que sabía a hierro y olvido. Ícaro estaba sentado en el asiento del copiloto, con su venda negra puesta, manteniendo un campo de silencio radioeléctrico que nos convertía en un fantasma en el mapa del mundo. Pero dentro de la furgoneta, el ruido era insoportable.
Damián estaba muriendo.
La herida de su costado, causada por