POV: ELENA
Seis meses después de la explosión en el Himalaya.
El sonido del mercado en Marrakech era un caos de colores, olores a especias y gritos en árabe que, por primera vez en mi vida, no podía traducir instantáneamente. Mi cerebro ya no era una supercomputadora conectada a la nube. El pulso electromagnético de Damián había frito el implante de silicio, dejando en su lugar un trozo de metal inerte en mi nuca y una cicatriz que me recordaba, con cada punzada de dolor, que ahora era humana.