Al ingresar al apartamento las luces continuaban apagada, lo que me hizo suponer que Valeria no ha llegado. Deje mi bolso colgado, me saque los tacones y los puse en una esquina mientras me dirijo a la cocina.
—¿Te divertiste?
Solté un grito al instante de escuchar esa voz.
La voz grave y áspera de Viktor hizo que mi corazón diera un vuelco. Me gire bruscamente y lo vi, de pie en medio de mi sala, con los puños cerrados y la mandíbula tensa.
—¿Qué demonios haces aquí? —pregunté, encendiendo la