Viktor Volkov
Después de que se tomara un calmante suministrado por una doctora que contrate para su cuidado personal en mi casa, Alina se quedó dormida. La observo desde un sillón mientras tomó un vaso de whisky. Había pasado horas así, sin moverme demasiado, sin atreverme a cerrar los ojos. Cada vez que lo hacía, volvía a ver su cuerpo moribundo en esa cama de hospital, su sangre tiñendo su rostro y el sonido de aquellas maquinas marcando los latidos de su corazón. Y la rabia me consumía otra