Al llegar a la isla, Viktor me llevo hasta su habitación en donde volvimos a tener sexo, una y tres veces más. Fueron sin duda los mejores orgasmo de mi vida, no sabía que podía resistir tanto, sin embargo, lo hice y ahora estoy recostada envuelva en las sábanas blancas mientras el aire fresco del mar ingresa por la ventana y con el coronel a mi lado, abrazando a mi cuerpo siendo una fuente de calor agradable.
Su rostro, en reposo, mostraba una suavidad que rara vez me permitía ver. La mandíbul