«Hay milagros que llegan a destiempo, pero no por eso dejan de ser milagros».
Julia apretó la sábana con los dedos temblorosos.
El silencio del cuarto era un eco que la estrujaba por dentro.
Acababa de recibir la confirmación oficial: sí, estaba embarazada. Una vida nueva palpitaba dentro de ella.
Pero ¿cómo podía ser tan inmensamente feliz… y al mismo tiempo sentir que el mundo se le caía encima?
El bebé era de Pablo.
No cabía duda. Lo sabía desde el fondo de su piel. Era el fruto de ese amor