Hay silencios que protegen.
Otros que castigan.
Pero los más peligrosos son los que se heredan,
como cicatrices invisibles que nadie se atreve a nombrar.
Álvaro
El hipódromo no aparecía en sus declaraciones. Ni el whisky escondido en el compartimento secreto del escritorio, ni las tardes enteras en aquel bar donde nadie preguntaba si eras CEO o ex marido.
Álvaro tenía el rostro de un hombre exitoso. Tenía los zapatos caros, el discurso fluido, la casa con sensores inteligentes. Pero también ten