Tras llegar al hotel en Lisconia, Lorena sintió hambre otra vez.
—César, ¿tienes hambre? ¿Pedimos comida a domicilio? —dijo Lorena, dejándose caer en el sofá y mirando el menú en su teléfono.
César dejó su maletín, ya se había deshecho de la corbata en el avión y ahora se quitaba la chaqueta.
—¿Acaso eres un cerdo? —respondió él.
Dicho esto, se fue al baño a darse una ducha.
Lorena le sacó la lengua en silencio mientras él se alejaba.
Cuando César se preparaba para dormir, Lorena abrió la aplica