Su cuerpo aún la necesitaba. Cuando perdiera el interés en ella, naturalmente la dejaría ir.
Lorena se lamentaba por haber caído en su trampa. Resignada, solo podía quedarse a su lado y esperar que el contrato terminara para ser libre.
Lo que ella no sabía era lo que César planeaba realmente.
Tal vez por el olor en el carro o por la velocidad, Lorena comenzó a sentirse mareada.
—Para el carro. Quiero vomitar —dijo, dándole unas palmaditas a César.
César, que estaba descansando con los ojos cerra