En aquel entonces, Lorena no sabía la verdad, estaba sumergida en la dulzura del amor. Ahora…
Sabía que todo era una mentira, una mentira muy bien escondida.
Sin rastro de nostalgia, Lorena tomó el pasador de corbata y lo arrojó directamente al cesto de basura, el del baño, para asegurarse de que desapareciera por completo.
Toc, toc.
Lorena fue a abrir.
—¡Doña Lore! ¿Por qué no contestas el celular? ¿Y encima lo tienes apagado? Estaba preocupado por si hacías alguna tontería —dijo Adrián, con u